
Duplicity, estrenada en España el 18 de marzo de 2009, vuelve a unir a Clive Owen y Julia Roberts, ya vistos juntos en Closer junto a Natalie Portman y Jude Law, en una historia de amor con un trasfondo de espionaje industrial. Una guerra fría entre dos grandes empresas farmacéuticas que no escatiman en recursos para mantenerse un paso por delante del otro. El objetivo de ambas, y a fin de cuentas, de todos los personajes de la película, es conseguir la formula de un producto que hará ganar millones a quien la tenga.
El filme, a pesar de basarse en una temática ya vista muchas veces (amor y espionaje), sorprende por la forma de presentar los hechos. El director y guionista, Tony Gilroy, hace un buen uso de los flashbacks, que permiten una cronología dinámica e intrigante a la vez que interesante, aunque pueden confundir y hacer que se pierda el hilo de la historia sin recuperarlo hasta el final. Los saltos en el tiempo son como pequeñas pistas que conducen al espectador a prever un final que nunca tendrá lugar. En los últimos minutos, la historia da un vuelco sorprendente y acaba con un guiño ingenioso: no sólo el engaño somete a todos los personajes de la película, sino también al espectador.
Gilroy también utiliza un recurso poco recurrido en escenas de pelea: la cámara lenta. Con ella, consigue trasladar a la pantalla, en el inicio del largometraje, la rivalidad entre las dos multinacionales farmacéuticas. Construye una pelea a puño limpio entre sus altos mandatarios a fin de que no perdamos detalle y quede patente el odio mutuo. Este escenario, nos sitúa en el argumento por primera vez, ya que la escena anterior, la primera del filme, deja a uno un tanto perplejo.
Ésta supone el primer contacto entre los protagonistas, Ray Koval (Owen) y Claire Stenwick (Roberts), el principio de una aventura de la que nacerá una trama complicada de espionaje a tres bandas. Ambos personajes deciden abandonar sus agencias, el MI6 y

La pareja que forman Roberts y Owen resulta brillante, ya que la película coge gancho en las escenas que aparecen juntos (en las que lo hacen por separado, sus actuaciones no acaban de perfilarse). Al compartir pantalla dejan ver la relación amor-odio fruto de la desconfianza entre ambos; es entonces cuando aparecen las discusiones y acusaciones que dan vida al argumento. Situaciones cercanas al público y a la vida real, que mezcladas en la cronología del filme junto con las del espionaje entre empresas, salvan la trama y dan lugar a una película original pero que a la vez, a su conclusión, deja una sensación de vacío. Encontramos amor, secretos, desconfianza, intriga, perplejidad, sorpresa, inquietud, desazón, acción, engaño… todo en uno. Dicho así, Duplicity parece un filme sobrecogedor, pero Gilroy podría haber hecho algo mejor.
LAURA DE LA TORRE
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada